miércoles, 9 de marzo de 2016

Fernandez Zuloaga Urko

Nire bizi esperientzia: Urko Fernandez Zuloaga


Estaba en la educación secundaria, como todos los años, los estudiantes afortunados de haber aprobado todo a la primera, tenían la suerte de poder disfrutar uno de esos primeros agradables días de verano en la playa de la Concha en compañía de otros en las mismas circunstancias pudiendo así pegarte ese bañito que tantas ganas tenías, junto a los colegas de clase rememorando las “batallitas” habidas y por haber durante todo el año. Sol radiante, compañía inigualable… ¡No se podía pedir más!

He de decir, que yo no me encontraba entre ese grupo de susodichos, ya que me había quedado una de las asignaturas más odiadas y respetadas por mi persona…

Lengua castellana... Todo el que haya ido a mí ikastola, seguro que entiende completamente el porqué de mis palabras… Por hacer una breve descripción, podría decirse que era fría, añeja y aburrida…tanto de la asignatura como de la profesora.

Volviendo al tema, principal..., -si es que según vas escribiendo, te van viniendo otras historietas a la cabeza y haciéndote dudar si realmente quieres contar otra que puede resultar más interesante o cerciorarte a esta misma-. Una de mis estrategias para no repetir curso o hacerlo más ameno, era tantear las asignaturas a principio de curso, haciéndome “mi pequeño estudio” claro, de cuál sería la asignatura a dejar para hacer mi estancia más cómoda durante el curso.

Inglés, mate y lengua...  la pelea siempre estuvo entre esas tres. La optada para ser estudiada o por lo menos aprobada ese año fue inglés. Nunca me interesó el inglés. Aunque dada la situación actual, tema del que ahora discrepo. De todas formas, en cuanto a las repescas que se hacían a finales de curso, nunca me interesó sacarla a la primera ninguna de ellas..., ¿¡el problema!? ¡En manos del futuro Urko!

Pero eso era parte de otra estrategia, sacarlas en la segunda repesca (que se hacía a mediados del siguiente curso) sabiendo que siempre lo ponían más fácil y solían ser muy parecidas a los ejercicios que nos mandaban para prepararnos para el examen.

La cosa era que yo no había estudiado para la recuperación de lengua, y dado que el examen comenzaba a las 10:30 de la mañana y el bus que llevaría a la playa salía a las 11, mi plan era poner el nombre, asumir el 0 y disfrutar de ese espléndido día en la playa con mis amigos.

Esa mañana, prepararé la mochila con su toalla, crema para el sol, gafas, cartas, ¡y cómo no!  una Coca Cola fresquita recién sacada del frigo acompañado de su rico bocadillo de tortilla recién hecha para comer en la playa... ¡Ah, Y el boli! ¡Importante!  para poner el nombre en el examen, claro!

¡Ese día llegué muy contento a clase! Hasta que el profesor encargado de vigilar el examen (y al tanto de la situación de la que me encontraba) vino a mí y para preguntarme muy sutilmente a dónde me pensaba que iba… (¡A la playa, claro! ¡Cómo no!)
En ese momento, le expliqué cuál era mi plan pensando que lo entendería, cedería y me dejaría salirme con la mía. Pero para mí desgracia, mirándome con cara de total desaprobación, me dijo que no, que no tenía todo aprobado y al ser un día lectivo y no encontrarme en esa situación de fortunio, tendría que quedarme, hacer lo que supiera del examen, y una vez acabado, esperar haciendo lo que fuera en el centro, hasta haber finalizado el horario escolar. No me había convencido…

No recuerdo la razón, pero resulta que después de eso, yo, junto a otros con asignaturas pendientes, nos llevaron a la biblioteca del centro... seguía estando convencido de que no era ese, sino la playa…

Una vez entrado a la biblioteca, una luz vino a mí, (seguramente serían los radiantes rayos del sol que traspasaban el enorme ventanal que recogían casualmente, el lado que pegaba hacia la bahía de Donosti…

No podía, quedarme allí. Tenía que salirme como fuera con la mía… Por eso, avisé a uno de mis compañeros (reclusos también) que me hiciera un favor; vigilar la puerta de la biblioteca para que ningún profesor entrara mientras yo, intentaba darme a la fuga saltando ventana abajo por último así pasarme la mochila para poder marchar y cumplir mi misión.

Él, entre otros, (todos en la misma situación) me dejaron paso para pasar a otro lado de la ventana y saltar esos 2 metros. No lo pensé y lo hice, sin pensar, y ¡pun! lo hice! Todos los que quedaron en la biblioteca se reían, mientras yo, pedí la mochila a mi amigo, me di la vuelta y seguí a lo mío para poder llegar ya al último verjado, el cual me separaba ya del mundo exterior.

Seguí hacia adelante, aún oía risas y gritos de que volviera (era imposible rendirse una vez llegado a ese punto). El autobús de los afortunados, no había salido aún, y la única salida de esos los extensos jardines del recinto, era por donde estaba el autobús....

No me podía arriesgar a quedarme allí a esperar a que se fuera, porque probablemente los profesores ya me estarían buscando, ya que alguno de la biblioteca seguramente se habría ido de la lengua excitados por aquella situación o por el mero hecho de no estar a la hora de pasar la lista... Tenía miedo.

Llegué al verjado que rodeaba el recinto escolar, ¡por fin! Era grande e imponente; ya tendría sus 4 metros, granate y en lo más alto, unos pinchos salientes, que por suerte daban hacia el interior del él. Primero tiré la mochila al otro lado. Ahora, era mi turno... Siempre tuve la facilidad para trepar; por eso no le resultó nada difícil pasar al otro lado. Un pequeño rasguño, lo único.

¡Ya está! Y yo, tan feliz, ¡había cumplido mi objetivo! ¡Una vez recogida la mochila, ir hasta la parada de EuskoTren de Pasaia, coger el tren y listo! Con anís amigos de clase.

De repente, ¡mi profesora de sociales! (No podía ser...):

  • - ¡Hombre, Urko!  como tú por aquí?
  • - Nada... de camino al médico, contesté yo (mentira).

No recuerdo bien cuáles fueron las siguientes palabras, pero supongo, que serían las típicas de cualquier profesor era para desearte unas felices vacaciones de verano y descansar para así, el curso que viene empezar con más ganas. Nos despedimos, y ya sí que sí, ¡no habría nada que me pudiera parar! -Menuda cara se le tuvo que quedar al llegar al centro y los profesores lo dieran las nuevas de mi reciente huida.  

Solo me faltaba ponerle solución a un pequeño problema, al que le puse una fácil solución claro. El problema era que algún profesor, seguramente mi tutor, podría estar en la playa con mis compañeros de clase...  Por eso, llamé a aquellos que estaban allí y les convencí para que se cambiara de la Zurriola a la concha y poder estar todos juntos. Y así fue. Recuerdo que fue un gran día lleno de emociones, uno de aquellos que nunca querrás olvidar.

Pero la historia continúa, pero no en ese preciso momento, sino a la vuelta de las vacaciones de verano. Resulta que la que era directora del centro el pasado curso escolar, iba a ser mi profesora de euskera ese último año…

Yo ya no me acordaba de mi escapada de aquel día, pero fue cuando ella, antes de comenzar la presentación de la asignatura me hizo llamar a su despacho y me contó que ese mismo día llamó insistentemente a mis padres para ponerles al tanto de la situación pero que “tuve suerte” ya que nadie respondió. Como conclusión, y teniendo en cuenta mi historial delictivo, lo tomo como “una chiquillada” y me hizo prometer que nunca mas volviera hacer una de esas… Eso estaría por ver…

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